UN HOMBRE LIMPIO
El libro de L. M. Ágreda “Mi padre” sigue su curso. Se vende, gusta y se comenta con emoción. Las dos almas del editor, presentes en este caso, con la armonía deseada.
Turno ahora para los apuntes
autobiográficos de un caballero. “La proporción
ideal” (Memorias de un hombre de Ferraz) de Álvaro Abril, el vallisoletano que
fuera jefe de gabinete de la vicepresidenta del gobierno, Teresa Ribera,
durante la pandemia.
Entre nosotros la limpieza ha
tenido que ver con la sangre; con la inquisición, con los judíos, moros y
cristianos viejos. También con la nobleza, el celibato y los hidalgos. Con la
valentía como uno de los distintivos de especial rango en estos colectivos.
La valentía, fuera de cualquier
torpeza de análisis, como forma de oponerse a la crueldad, vicio máximo tanto
público como privado. La valentía como cualidad moral de exigirse estar allí
donde se nos espera.
El prologuista de este libro, el
profesor de Derecho Constitucional y antiguo compañero del rugby en el equipo
del autor, Víctor Vázquez, ahonda en estas referencias con la lucidez del trato
amigo.
Las mías tienen que ver con
algunos interrogantes que me persiguen desde hace años: ¿quiénes son estas
gentes que nos abochornan sin compasión? ¿quiénes son sus padres, en qué
equipos jugaron durante su juventud? ¿dónde conformaron la escala de valores
que les adentró impunemente en el robo y la defraudación?
Este libro nos redime ante la
evidencia de miles de servidores públicos que gastan a diario su salud y su
vida en defender los intereses municipales, regionales y estatales sin pensar
ni por un momento en el dinero. En este terreno, como en otros, ya se ha dicho,
menos, es más. Ni más ni menos.
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